De su amor y respeto por la tierra y por las labores relacionadas con la tierra, surge la voluntad de crear una entidad educativa que contara con el apoyo de su familia y desde la cual se promoviera la productividad y creatividad agraria en la región, a pequeña escala, con la participación de vecinos, amigos y familiares. Si algo debe hacerse con la tierra, siente Alicia, es ante todo salvarla para sembrar, cultivar, producir alimento y para disfrutar de la belleza de los árboles, plantas, y pájaros que abundan en el campo.
Su propuesta es revitalizar el campo, rescatar tradiciones y combinarlas con nuevas tecnologías (ecológicamente apropiadas), e inspirar a través de la educación una relación de cooperación entre la comunidad y la tierra en favor del medio ambiente y de las generaciones por venir. Una relación de trabajo y disfrute para un desarrollo humano favorable al bienestar, a la salud de las personas y al mundo natural que las sustenta.
La tendencia de "sembrar cemento" y usar terreno fértil para el negocio de viviendas, fomentando el desparrame urbano al municipio de Toa Alta, entiende que impacta negativamente a la región y al país. Sabe que el asunto de la vivienda se puede resolver sin necesidad de ocupar suelo tan importante para la economía alimentaria y la calidad ambiental, conociéndo además que hay formas de construir ecológicamente sustentables.
De esta manera y a partir de estas inquietudes y convicciones, Alicia establece la Fundación Pérez-Sierra (FPS) en el verano del 2003 para servir los propósitos descritos en los párrafos anteriores.
(En la foto, Alicia junto a vecinos de Toa Alta, Martin y su hija Yanimar, desgranando achiote)
